La misma mañana que conocí a Noe, Gaby llegó con jugo para el desayuno y luego cayó Ceci. Y llevamos ya tres años de un intercambio cariñoso y generosísimo. Podemos estar trabajando a la par, o simplemente tirados haciendo planes o nada. Con ellos todo es bastante fácil.



A María la conocí cuando vino a fotografiar mi casa y a partir de ahí buscamos otras excusas para vernos. No sé cuándo empezamos a colaborar cada una en el proyecto ajeno. En general me cuesta trabajar con otros; con ella, no. Ni entenderle todas las cosas que me enseña. Más la conozco, más la admiro.
Con Bü nos vimos en alguna cena crocante, ya me encantaba su trabajo, y fue fácil elegirla para ilustrar el Recetario. No será lo último que hagamos, más ahora que somos vecinas. Como casi lo somos con Perica, quien me lleva y me trae a veces de la imprenta, y con quien compartimos muchas charlas sobre esta vida rara del trabajo a pulmón. No confundir con otra Vero, biógrafa natural de todo lo que pasa en el Almacén, terremoto laboral y cheerleader comunal.
Es como un barrio paralelo, en el que también me cruzo seguido con Paula de Irreal, Bilo y Martín de Ciervo con monóculo, Silke, Ariel de Fiel, y con los colegas de La costura visible.
Nombrarlos aquí es contarles que el Almacén no funciona solo. Ellos son mi fuente de consulta, apoyo, compañía e inspiración.


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